La pandemia no frena la prostitución en la calle Viana y en la avenida del Oeste mientras el Ayuntamiento hace caso omiso a las denuncias de los vecinos que no pueden ni salir a la calle


La calle Viana de Valencia sigue con una actividad podríamos decir que frenética. De nada sirven los lemas “ni pagues, ni calles” que publicita el Ayuntamiento, ni la ordenanza municipal que prohíbe ejercer la prostitución en la vía pública, ni la declaración del estado de alarma sanitaria, hasta ahora lo único efectivo la permanente vigilancia policial que intermitentemente disuade a puteros y proxenetas de hacer sus tratos en plena calle.

Pero esto no necesariamente debería ser así. Si el Ayuntamiento cumpliera con su obligación de atender las denuncias de los vecinos y tramitar los atestados de la policía local, podría decretar el cierre cautelar del prostíbulo que ahora mismo sigue a pleno rendimiento y que es el foco entorno al que gira la prostitución en el barrio de Velluters. Los vecinos están más que hartos de apelar el amparo de la policía como último recurso ante la desidia municipal que no tramita una resolución de cierre que hace meses debería haberse producido.

Es incomprensible que bares y discotecas estén cerrados y que este más que probable foco de infección siga consentido por el ayuntamiento, es inaudito que se proponga cerrar playas y parques y se mire para otro lado cuando se habla de frenar la prostitución en el centro de Valencia.

La presencia policial está resultando el único modo de frenar esta actividad en la vía publica, pero es triste pensar que bien podrían estar haciendo otras tareas más útiles socialmente si las concejalías de actividades y urbanismo cumplieran con su obligación de impedir que las calles de Velluters sean un zoco de mercadeo sexual.

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