Hace falta un verdadero compromiso con la salud y la accesibilidad en Ciutat Vella

El pasado 21 de mayo, la junta directiva de Amics del Carme se reunió en el jardín cerca de la Colegio de Santa Teresa, en la calle Hort d’En Cendra, justo al lado del jardín del IVAM. Fue el primer encuentro “físico” desde que comenzó el estado de alarma sanitaria. Acudieron también algunas vecinas y vecinos a los que agradecemos su participación y el apoyo que nos transmitieron.

Queríamos debatir sobre cómo debe ser la llamada “nueva normalidad” en Ciutat Vella que debería comenzar el próximo 30 de junio. También sobre las conversaciones con la concejala Lucía Beamud y, claro, sobre los términos del acuerdo de ampliación de las terrazas de bares y restaurantes.

Y un poco perplejos, acabamos preguntándonos si es verdad que tenemos que cambiar comportamientos y usos sociales porque existe la amenaza real de una enfermedad peligrosa y desconocida hasta ahora, o si todo son fantasías para entretenernos mientras esperamos a ver si escampa; y con dudas sobre si es verdad que todos queremos una ciudad saludable y accesible o si sólo se trata de un anuncio mediático. Todo esto después de haber comentado la conversación con la concejala y haber valorado el acuerdo de la Junta de Gobierno de ampliación de terrazas.

Si como (por ejemplo) nos dicen, el 30 de junio comenzará una nueva etapa con nuevas reglas de uso del espacio público, no nos quedó nada claro estar yendo por el buen camino.

Claro que apoyamos la hostelería. Evidentemente por razones económicas. El golpe, como en tantos otros sectores ha sido fortísimo, pero también porque es el ámbito en el que se harán más visibles las nuevas pautas de las relaciones sociales. La hostelería es un sector estratégico en la economía del barrio y los que más pueden hacer para consolidar la nueva normalidad que se necesita.

Pero el Ayuntamiento gobernado de forma casi paritaria por Compromís y PSOE, ha decidido obviar estas consideraciones y dar carta blanca a los hosteleros para que dispongan, con una generosidad inédita, del espacio público sin pedir nada a cambio: sin unas mínimas exigencias para mejorar el derecho de paso de los peatones y, lo que es peor, sin atenuar lo más mínimo el problema de sobresaturación existente antes de la pandemia en numerosos lugares de la ciudad.

En Ciutat Vella tenemos más de 12 lugares de gran afluencia de personas, saturados con toda clase de obstáculos. Y al menos otros 10, con protección patrimonial que deberían quedar libres de ocupación. ¿Cómo es que no se ha tenido en cuenta que en poco más de cinco semanas todas estas situaciones deberían estar resueltas?

El acuerdo tomado por la Junta de Gobierno tras escuchar vecindario y hosteleros nos parece decepcionante, insuficiente y tramposo. Por eso hemos tomado la decisión de redoblar los esfuerzos para reclamar un pacto por la salud y la movilidad en el Carme y en toda Ciutat Vella.

Queremos un barrio verdaderamente sostenible y sano para todos: residentes y visitantes. Reclamamos un compromiso firme con la recuperación de un espacio público abierto al tránsito pacífico de personas y libre de la explotación comercial abusiva de la que es objeto.

Es por ello que desde Amics del Carme exigimos:

  • Un mínimo de tres metros de paso en todas las aceras y calles peatonales, dejando siempre libre de obstáculos al menos el 50% del espacio público y si se trata de entornos monumentales protegidos ocupando sólo el 20% del espacio disponible.
  • Limitación efectiva del tráfico rodado, activación de las cámaras de control del tráfico y cumplimiento de los horarios de descarga de mercancías.
  • Acondicionamiento y limpieza de parques y jardines libres de ocupación, para ser espacios de encuentro de niños, vecinos y peatones. 
  • Evaluación permanente de los flujos de acceso para evitar concentraciones excesivas de personas.
  • Transparencia y rendición de cuentas en la Junta de Distrito sobre el nivel de cumplimiento de las medidas a llevar a cabo.

Dicho esto, hacemos un llamamiento a todo el vecindario de Ciutat Vella, y a todas las personas que lo deseen, precisamente por la desgracia que supone la llegada de esta grave enfermedad, a que aprovechemos esta oportunidad para establecer un compromiso público por una ciudad sana y accesible.

Parece que nuestros gobernantes son duros de oído, seguramente por el ruido ambiental que no les permite escuchar las voces de la gente de a pie. Tal vez deberíamos hacer más ruido aún, y estamos dispuestos a ello, ahora nos va la vida.

 


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